Esto me pasa a mi, no a ti,... sigue tu camino
En el Camino a Santiago, viajando a pie, durmiendo y a veces cenando en albergues, es común encontrarse con personas de distintos países y edades que están haciendo el mismo recorrido. Esos encuentros pueden ser fugaces, caminando unos pocos kilómetros juntos, puntuales como cenar y dormir en el mismo albergue o reiterativos, como cuando nos cruzamos con la misma persona varias veces en distintos días y partes de la travesía. A su vez pueden ser encuentros superficiales o que establezcamos relaciones de amistad profundas que pueden ser efímeras o duraderas. Entre peregrinos el umbral de reserva suele ser bajo y en poco tiempo la conversación se vuelve abierta como entre amigos de muchos años.
Cuando estaba recorriendo el Camino Francés, en el albergue de Castrojeriz conocí a Sergio, un peregrino de Sao Paulo, Brasil y enseguida simpatizamos el uno con el otro. Cenamos juntos con otros huéspedes en el comedor del albergue comiendo Bimbibap, una comida típica coreana que preparó la mujer del hospitalero que era de nacionalidad coreana. Disfrutamos mucho de la comida, de nuestra conversación y de la sobremesa, luego de lo cual nos fuimos cada uno a su cuarto con el compromiso de caminar juntos al día siguiente.
Amaneció un hermoso día y juntos encaramos uno de los tramos más largos y con menos servicios al peregrino. A medida que avanzamos Sergio comenzó a renguear de manera cada vez más marcada. Cuando le pregunté que le pasaba me dijo que le dolían los empeines y las tibias. Entonces le conté que me había pasado lo mismo cuando me estaba preparando para el viaje y que la causa había sido llevar demasiado ajustado los cordones de las botas. Entonces Fernando se aflojó sus cordones sintiendo algún grado de alivio pero no lo suficiente para seguir caminando al mismo ritmo. Cuando hicimos un pequeño descanso en el único lugar que ofrecía bebidas y bocadillos Fernando me dijo que yo siguiera porque él necesitaba descansar más tiempo.
Apenado por tener que dejar a Sergio con quien había compartido conversaciones muy interesantes, protesté y me ofrecí a quedarme para acompañarlo. Se negó y me dijo que siguiera mi camino.
--- Agradezco tus buenas intensiones pero si por esperarme no llegas a Santiago antes que tu vuelo de regreso nuestra relación se va a resentir y no quiero eso para nosotros. Ve, esto me está pasando a mi, no a ti, y quedándote no se me va a mejorar.
Me sorprendió Sergio con su firmeza y me enseñó una manera solidaria de preservar la amistad, sin que ninguna de las partes se sacrifique por el otro.
Finalmente pudo llegar a Santiago haciendo un tramo en transporte público y nos despedimos tomando un café a metros de la Plaza del Obradorio donde se encuentra la famosa Catedral de Santiago de Compostela el día anterior a mi regreso a la Argentina.
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